Por María Ángela Ramírez Carrasco.
Educar por competencias no es un requisito para pertenecer a un círculo de países potencial o realmente desarrollados, o para la competencia por el mercado laboral, o para conseguir bienes como colecciones por las que se perciben millones de monedas de “x” denominación o para demostrar el poderío o la fuerza de alguien.
No podemos organizar concursos para determinar a un ganador en base a su buena memoria aunque tenga actitudes de patán, o diva de espectáculo musical (por lo que nos dejan ver los medios masivos en éste terreno). O calificar de excelentes las innovaciones en donde los recursos para todos tienden a racionalizarse en pro- de un prototipo tecnológico con una reconocida firma familiar (¿monopolio?). El visto bueno a lo que se ve bonito aunque sea superfluo. NO.
Soluciones inmediatas a costes futuros, como las mencionadas, nos tienen en “jaque mate” tenemos carencias y mala calidad en la alimentación, la salud, el medio ambiente con la contaminación, la supervivencia de las especies y biodiversidad, la tranquilidad individual, la inseguridad social, la falta de empleo (más no de trabajo); las diferencias en la emisión, aplicación e interpretación de las leyes, la identidad y la solidaridad están irreconocibles e irreconciliables, desconfiamos hasta de nosotros y percibimos a los demás muy lejanos.
Entonces se vuelve imperativo educar en competencias, esto es educar para la paz, la prosperidad y sustentabilidad del género humano de cualquier latitud de este nuestro único planeta. Realizar el proceso de volver a los orígenes es un reto profesional de los que nos empleamos para enseñar. No todos han planteado éste desde la perspectiva de saber qué es y cómo se realiza el aprendizaje y cuántos hombres y mujeres han tratado de responderlo, y tampoco discriminar ideas sobre ello hasta alcanzar las aplicables a este momento histórico y diferente al de la edad media por decir alguna época.
En esta especialidad cuyo objetivo es profesionalizar nuestra acción, los aportes teórico-prácticos, se ven provistos del ingrediente básico que permita reconocer reflexivamente las razones del modelo educativo que N E C E S I T A la humanidad, no sólo unos cuantos estudiantes de alguna élite, o grupo; todos sin excepción en todo el planeta.
En análisis extremos los estudiosos de la pedagogía han llegado a concebir la idea conjuntando integralmente saberes y experiencias desde diferentes áreas epistemológicas, coinciden que el aprendizaje es un proceso individual, pero lo que se hace con lo que se aprende suele afectar a una comunidad.
Surgen por tanto sustentos (Pere Márquez) como la postura relacionista de Ausubel (cognitivismo), considerando al aprendiente un ser dotado de un pasado lleno de información capaz de reaprender modificando su futuro siempre y cuando quiera y pueda de una forma lógica, adecuada a su desarrollo, y le interese.
Sin embargo esta sola idea suele reconstruirse con las ideas de Piaget (constructivismo), que con términos básicos sitúa al estudiante en la comprensión de sí mismo y sus procesos de desarrollo y sobre todo transformarse a raíz de la activación de su pensamiento y sus capacidades.
Agregando un punto de vista reconstituyente al modelo, Vigotski (aprendizaje situado o socio-constructivismo) apuntala que a pesar de que el aprendizaje es un proceso individual, y el para qué se realiza sitúa al estudiante inmerso en un grupo o sociedad y que una vez en ésta suele modificarse al socializar la información surgiendo entonces “el aprender con otros” para lo que tendrá que desarrollar su lenguaje como herramienta mediadora.
Educar por competencias no es un requisito para pertenecer a un círculo de países potencial o realmente desarrollados, o para la competencia por el mercado laboral, o para conseguir bienes como colecciones por las que se perciben millones de monedas de “x” denominación o para demostrar el poderío o la fuerza de alguien.
No podemos organizar concursos para determinar a un ganador en base a su buena memoria aunque tenga actitudes de patán, o diva de espectáculo musical (por lo que nos dejan ver los medios masivos en éste terreno). O calificar de excelentes las innovaciones en donde los recursos para todos tienden a racionalizarse en pro- de un prototipo tecnológico con una reconocida firma familiar (¿monopolio?). El visto bueno a lo que se ve bonito aunque sea superfluo. NO.
Soluciones inmediatas a costes futuros, como las mencionadas, nos tienen en “jaque mate” tenemos carencias y mala calidad en la alimentación, la salud, el medio ambiente con la contaminación, la supervivencia de las especies y biodiversidad, la tranquilidad individual, la inseguridad social, la falta de empleo (más no de trabajo); las diferencias en la emisión, aplicación e interpretación de las leyes, la identidad y la solidaridad están irreconocibles e irreconciliables, desconfiamos hasta de nosotros y percibimos a los demás muy lejanos.
Entonces se vuelve imperativo educar en competencias, esto es educar para la paz, la prosperidad y sustentabilidad del género humano de cualquier latitud de este nuestro único planeta. Realizar el proceso de volver a los orígenes es un reto profesional de los que nos empleamos para enseñar. No todos han planteado éste desde la perspectiva de saber qué es y cómo se realiza el aprendizaje y cuántos hombres y mujeres han tratado de responderlo, y tampoco discriminar ideas sobre ello hasta alcanzar las aplicables a este momento histórico y diferente al de la edad media por decir alguna época.
En esta especialidad cuyo objetivo es profesionalizar nuestra acción, los aportes teórico-prácticos, se ven provistos del ingrediente básico que permita reconocer reflexivamente las razones del modelo educativo que N E C E S I T A la humanidad, no sólo unos cuantos estudiantes de alguna élite, o grupo; todos sin excepción en todo el planeta.
En análisis extremos los estudiosos de la pedagogía han llegado a concebir la idea conjuntando integralmente saberes y experiencias desde diferentes áreas epistemológicas, coinciden que el aprendizaje es un proceso individual, pero lo que se hace con lo que se aprende suele afectar a una comunidad.
Surgen por tanto sustentos (Pere Márquez) como la postura relacionista de Ausubel (cognitivismo), considerando al aprendiente un ser dotado de un pasado lleno de información capaz de reaprender modificando su futuro siempre y cuando quiera y pueda de una forma lógica, adecuada a su desarrollo, y le interese.
Sin embargo esta sola idea suele reconstruirse con las ideas de Piaget (constructivismo), que con términos básicos sitúa al estudiante en la comprensión de sí mismo y sus procesos de desarrollo y sobre todo transformarse a raíz de la activación de su pensamiento y sus capacidades.
Agregando un punto de vista reconstituyente al modelo, Vigotski (aprendizaje situado o socio-constructivismo) apuntala que a pesar de que el aprendizaje es un proceso individual, y el para qué se realiza sitúa al estudiante inmerso en un grupo o sociedad y que una vez en ésta suele modificarse al socializar la información surgiendo entonces “el aprender con otros” para lo que tendrá que desarrollar su lenguaje como herramienta mediadora.

Hola de nuevo mary:
ResponderEliminarComparto contigo las carencias que citas, como coincidimos en los estudiosos de las teorias del aprendizaje, claro que hacerlo por competencias implica un reto mayor y un compromiso que muchos no van a querer aceptar como ya lo estamos viviendo, gracias por compartir mis locuras y como te decía estoy seguro que existiran otros, en esta vida o en la otra donde seguramente seremos campeones de futbol, que estan dispuestos a ponerse la camiseta y sudarla en el trabajo que nos toca hacer. Saludos reiterados mi cariño y apoyo.